sábado, 15 de enero de 2022

AJEDREZ

 

 

El rey estaba muy quieto

con su dama muy ufana,

el alfil en su ventana

la contemplaba indiscreto

y con enorme respeto

le ofrecía huir a caballo,

pues quería ser su gallo

para llevarla a la torre

en su potro que bien corre

y ser de esa flor su tallo.

 

Los peones muy celosos

al saber de estas noticias

nunca cantaron albricias

y se pusieron furiosos,

y de puro caprichosos

se lanzaron al ataque

y avanzaron un escaque,

aunque pronto los comieron

y el alfil y dama vieron

como a su rey dieron jaque.

 

Y adornados con marfil

de piezas negras y blancas,

la reina escapaba en ancas

de un rocín color añil

que conducía el alfil

en tan loco disparate.

Y en el tremendo dislate

a la torre al fin llegaron,

y fue allí donde se amaron

pronunciando... ¡Jaque mate!

 

 

 

Jorge Horacio Richino

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lunes, 10 de enero de 2022

ERAS TÚ LA POESÍA

 

 

Dulce amor que te apagaste

sin proyecto de saludo;

sigilosa te marchaste

dejando mi amor desnudo.

 

Eras rosa muy temprana

cuando se truncó tu sino;

y con tu estampa galana

te perdiste en el camino.

 

Se apagó tu melodía,

tu vuelo de mariposa;

fue la noche de ese día

que yo te soñaba hermosa.

 

Te recuerdo todavía

con tu brillo de diadema;

porque eras la poesía

… ¡El verso de mi poema!

 

 

Jorge Horacio Richino

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domingo, 9 de enero de 2022

PENAS

 

 

Agua que se lleva el río

en su continuo mudar,

son esperanzas perdidas

que se abortan en el mar.

 

Sentado sobre la orilla

no puedo evitar su paso,

y me sumo en la tristeza

que se convierte en ocaso.

 

Tras de ello llega la noche

arrastrando toda luz,

y mis penas se encadenan

en el mástil de una cruz.

 

 

Jorge Horacio Richino

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viernes, 7 de enero de 2022

LEYENDA

 

 

En mil nueve veintidós,

muere un valiente torero;

con su garbo no hubo dos,

se llamó Manuel  Granero.

 

Pocapena fue el astado

que puso fin a su vida,

fue un diestro muy arriesgado

de lidia comprometida.

 

Se fue con escasos años,

tan solo veinte tenía;

cuando el morlaco castaño

con las astas lo cogía.

 

Ay!... pena, pena penita,

Madrid se hundió en la tristeza;

la gente estaba marchita

al expirar tal grandeza.

 

A valencia lo llevaron

sitio donde fue su cuna;

sus paisanos lo lloraron

por su muerte inoportuna.

 

Ay!... pena, pena penita

esto lejano quedó,

toda España envuelta en cuita

porque mucho le admiró.

 

 

 

Jorge Horacio Richino

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